miércoles, 26 de julio de 2017

Narrativas tóxicas en la literatura juvenil

Buenas a todos, hoy les traigo una entrada diferente. Antes que nada, una advertencia, esta entrada tiene un contenido metaliterario pero maduro, está principalmente dirigido a padres de adolescentes, adultos lectores de juvenil, escritores de juvenil y editoriales que publiquen dentro de la división juvenil. Este es un blog literario en un sentido expansivo de la palabra, aquí podrán encontrar recomendaciones de libros (¡por cierto, la próxima está pronta y sale el 31!), noticias literarias sobre mis libros o sobre eventos literarios fantásticos y, también, algunas entradas como esta, un poco más metaliterarias.

Les cuento que no hago reseñas por dos motivos: el primero es porque siempre odié hacer resúmenes, y en 12 años de estudios primarios y secundarios y tres carreras universitarias (una terminada, de otra recibida y una recién empezada), lo que dan en total unos 20 años de estudios, jamás me han resultado útiles; el segundo es porque me niego a hacer una reseña negativa, no solo porque sería como una doble tortura para mí, sino porque, además, quiero que este blog sea, dentro de lo posible, un lugar positivo. Por eso prefiero recomendarles lecturas que me hayan encantado o que, por alguna razón, considero que son importantes para la experiencia lectora o escritora, pero no hago reseñas.

Pero los malos libros son inevitables. Malos en un sentido general: mal narrados, mala historia, malos personajes, malo para mí. Y como es imposible ser un lector y jamás encontrarse un libro que por cualquier razón uno se pregunte: ¿por qué? ¿POR QUÉ?, esto es lo que me ha sucedido hace poco y ha resonado de forma muy fuerte en mi interior.

Como he dicho que yo no hago reseñas y que quiero mantener este lugar como un lugar seguro no pienso dar nombres, solo diré que es un libro de literatura juvenil uruguayo y que contiene varios de los temas tóxicos que yo detesto y creo peligrosos en los libros para adolescentes y que he visto repetirse de una u otra forma en varios libros de mis compatriotas (y que busco eliminar en mis propias escrituras) y por eso creo necesario hablar del tema.

Escritores uruguayos, editoriales uruguayas, lectores uruguayos.... TENEMOS QUE HABLAR.

Tenemos que hablar porque estamos en el año 2017. A ustedes les parecerá que no es de gran importancia, pero lo es. Lo es porque estamos en un mundo donde la conexión es casi infinita y no tiene límites de edad, donde fácilmente y por pura curiosidad normal en los jóvenes se pueden acceder a lugares muy peligrosos en la web, si no tienen idea de qué hablo porque a ustedes la tecnología les da lo mismo y les parece que está bien que un niño de 10 años tenga acceso ilimitado a Internet, les sugiero que abran Google y escriban Deep Web o Dark Deep Web (les aseguro que los adolescentes y pre-adolescentes ya saben qué es). Lo es porque, como tutores de la generación de menores de edad tenemos la responsabilidad de cuidarlos de un montón de peligros que generaciones que fueron adolescentes antes del 2000 no tuvieron que pasar, y aun quienes sí fuimos adolescentes en la época del MSN, no tenemos idea de lo que tienen en frente las otras generaciones, elementos que les dan más accesibilidad, más rápido y a más lugares.

¿Y esto qué tiene que ver con los libros? TODO. ¿Por qué? Porque cuando les damos el único medio de comunicación que ha sido cuidado, corregido y editado hasta el cansancio, resulta que seguimos exponiendo a estos chicos a narrativas tóxicas.

¿De qué hablo? Déjenme expresarles algunas teorías literarias que he formado a raíz de continuas lecturas decepcionantes. En algún momento todos los escritores hemos caído en alguna de ellas, y que estén ahí no significa per sé que estén mal, pero que sean defendidas por la trama del libro en que se encuentran sí es peligroso. Estas son:

La teoría de la obsesión = amor puro: la idea de que una chica/chico que te persigue a todas partes, se te tira arriba y hace cosas «románticas» (por favor, abran muchas comillas aquí... y luego ciérrenlas que hace frío)  tiene el derecho de besarte, que está bien que te toque aunque no quieras, porque total tú no sabes nada de relaciones, porque tienes 15 o 16 años.

La teoría de los niños sexólogos (se complementa con la anterior): la idea de que todo quien está en el liceo ha tenido sexo (y mucho, tanto que son unos expertos sexuales), y si eres el personaje principal, quitarse la horrible y vergonzosa virginidad será indudablemente parte de su camino al crecimiento (da lo mismo si el libro hablaba de derrotar a un dragón en 18 de julio, primero has de tener sexo, solo luego encontrarás la fuerza interior que te hacía falta para lograrlo). Porque es claro que es imposible crecer sin tener sexo y todos los dioses te libren que tengas sexo cuando te sientas seguro y cómodo, aunque signifique que tengas 18, 20, 25 o 30... ¡oh, dioses!, ¡vírgenes de 30!, ¡sálvese quien pueda!, ¡corran antes de que nos peguen la virgi... ¿nos quiten la no virginidad? (será por estas incoherencias que el concepto de virginidad me resulta insulso y vacío... pero anda, trauma a nuestros adolescentes con que sí o sí tiene que encamarse con alguien, parece una narrativa muy interesante y necesaria, y no una parte de la trama que fácilmente puede borrarse sin cambiar absolutamente nada la mayor parte de las veces).

La teoría del adolescente de goma: la idea de que el adolescente puede hacer todo, todo, TOOODO, incluso aquellas cosas con las que los adultos se dan la cabeza en la pared. Esto se debe a que probablemente los adultos del libro han hecho eso mismo y por eso son incapaces de ver actos muy claros que suceden frente a sus ojos y hacer algo al respecto, algo, ya sabes, maduro y adulto. No, dejemos que el adolescente haga eso... suena lógico. Y que no se queje, que no le parezca mal y, principalmente y bajo ninguna circunstancia, que le pida ayuda a un adulto competente. Pedir ayuda está prohibido.

La teoría del adolescente talle único: la idea de que todos los adolescentes pasan por las mismas circunstancias de vida y las viven de la misma forma y tienen una única forma de pensar. Que normalmente incluye: pensar que su virginidad es una enfermedad; que está gorda (suele no serlo, lo cual es peor) o es demasiado flaco (porque no se le marcan los músculos a la Hércules de Disney); que los que están con la que le gusta son unos idiotas y que ella no se da cuenta de lo maravilloso y único que es él (cuando los otros son normales y él también lo es); que las que están con la chica que le gusta son unas regaladas y que lo único que quieren son sus músculos (no lo ven como ella que ve su «personalidad», lo cual ya de por sí convierte a todas las protagonistas en superheroínas, porque tienen el poder de ver cosas que nadie más ve); a todos les gusta hacer algo que los demás consideran raro (aunque no sea raro para nada); si es un lector o le gusta escribir o algo así, no tiene amigos, porque ¿dónde viste un escritor que tenga amigos?; pasa lo mismo si es muy inteligente o le va bien en clase; pero lo más probable es que el protagonista de literatura juvenil uruguaya sea un boludo, que apenas estudia pero mágicamente no se lleva nada a examen (o se lleve una o dos) y que capaz que tiene un hobby (como irse en bicicleta a la rambla o escuchar música) bastante normal, pero como su grupo de gente no lo hace lo convierte en el virgen de la clase... Entendamos que todos somos personajes principales de nuestras vidas y todos somos diferentes, ¿pero esta es la imagen que queremos dar a nuestros adolescentes? ¿si no hacés estas 10 cosas que están listadas aquí como normales VOS sos el extraño? (¡Me hacen vosear de la rabia!)

La teoría de él/ella tiene la culpa: esta teoría puede combinarse con las anteriores y me resulta una idea tóxica para fomentar en la literatura juvenil porque darse cuenta de que a veces NO HAY culpa o nadie tiene la culpa es parte de la madurez que debemos fomentar en todos nosotros, no solo los jóvenes. Suele, además, venir mezclada con una segunda teoría: teoría si lo amo es mío. La idea de que si amas el otro debe corresponderte, si amas y haces las cosas bien y eres cariñoso, el otro te debe ser tu pareja. No señores, esto no es así. Está buenísimo (cofcofnocofcof) joder con que existe la friendzone, pero al final del día los adultos sabemos, o deberíamos saber, que nadie tiene la obligación de amarte románticamente. A veces las personas te aman con todo su corazón, te aman más de lo que han amado a alguien en su vida, pero simplemente no tienen esa conexión química cósmica contigo. Te aman, y seguirán amándote, pero no quieren tener una relación amorosa contigo y no desean acostarse contigo tampoco. La madurez implica entender que a veces que alguien no quiera ser tu pareja no implica que no te esté amando todo lo que puede amar. Y este es el mensaje que debemos pasar a nuestros adolescentes, que obviamente aún no comprenden esto, o piensan que no es justo, o creen que el otro tiene la culpa porque ellos son perfectos novios/novias y es el otro el que es idiota, o un tercero del cual su sujeto de amores sí se ha enamorado. Estas dos teorías son de las más peligrosas que se siguen alimentando, dejaré que ustedes razonen por qué.

Hay muchísimas más narrativas tóxicas que considero que debemos abandonar a la hora de escribir, pero por hoy los dejo con estas. Quiero aclarar que no tiene nada de malo plantear narrativas con algunos de estos puntos, siempre y cuando lo marquemos y lo mostremos como lo erróneo, como algo tóxico.

Considero que lo principal a la hora de tratar temas complejos en la literatura es estar conscientes de que son eso: temas complejos. La sexualidad es un tema complejo, pero es más complejo si hablamos de sexualidad adolescente. El abuso y las relaciones abusivas son un tema complejo, y aunque entiendo que a veces la gente no se da cuenta que está escribiendo una relación abusiva, considero que es nuestro deber darlo a leer a lectores cero que entiendan del tema, que puedan notar problemas. Todo esto no significa que no debas escribir sobre una chica obsesionada con un chico al que no para de seguir, sino que no deberías jamás hacer que ese chico comience a «entenderla» y se enamore de ella porque ¡oh, cuánto amor le demuestra!, ¡cómo pudo ser tan ciego!

Comprendamos que ser adolescente, como ser un adulto, es un espectro enorme, infinito; que no podemos saber qué es ser adolescente, porque hay tantos adolescentes distintos como personas entre 13 y 17 años. Investiguemos, ahondemos en nosotros mismos, sí, pero también preguntemos a otros, veamos cómo ven otros ese momento de la vida y, recordemos, que cada tiempo histórico tiene sus grietas, cosas que solo quienes lo viven pueden ver, y por tanto debemos hablar con adolescentes si queremos escribir para ellos.

A los padres de adolescentes que de pronto se sienten preocupados por lo que su hijo o hija puede estar leyendo les pido que hagan lo que ya hacen: amen a sus hijos. Amar implica también: investigar la lectura, para ver si les parece adecuada a su nivel de madurez específico; charlar sobre lo que ven el la tele, el celular y los libros, para asegurarse de que no esté creándose una idea falsa de quien debe ser; interesarse en ellos y conversar los temas que pueden estar siendo difíciles de manejar, sin presionarlos, para que no se cierren ante los intentos. Si todo esto falla, solo queda repetirle con mucho cariño: «aquí estaré si me necesitas, para hablar de lo que tú quieras».

A los escritores: tratemos de eliminar clichés tóxicos de la literatura juvenil. No implica una literatura sin dolor, sin oscuridad, sino una literatura que no fomenta las prácticas peligrosas, la violencia como normalidad y el sentimiento de diferencia.

Podemos escribir sobre lo que sea sin necesidad de marcar la diferencia tajante que si no eres así no entras dentro del grupo, porque entendemos que la adolescencia que vivimos no es la adolescencia de todos. Podemos plantear la sexualidad adolescente sin reducirla a una escena hot en medio del libro. Podemos escribir sobre relaciones sin que nadie sea un acosador. Podemos hablar de adolescentes que hacen cosas maravillosas sin convertir a los adultos en inútiles mocos de troll.

¡Hagámoslo!