lunes, 14 de agosto de 2017

Te recomiendo un libro #3

¡Buenas a todos! Hoy vuelvo con la tercera entrega de esta nueva sección que les traigo cada martes por medio en el blog. Esta vez le toca a un libro muy especial y diferente, dado que puedo decir que al menos por un tercio del mismo hubiera jurado que no me gustaba. Se trata de Anne, la de Tejados Verdes de Lucy M. Montgomery. Este libro llegó a mí gracias a Ana Claudia del blog El Refugio del Dragón de Tierra quien lo propuso como libro del mes de marzo en el #Clubdelectura.uy. Si quieren leer una reseña más precisa, no solo del libro sino también de la nueva serie de Netflix, les sugiero que se pasen por su blog (y ya de paso se queden y comenten).



Autora: Lucy M. Montgomery (1874 - 1942, Canadá)
Título: Ana, la de Tejas Verdes - Anna, la de Tejados Verdes - Anne, la de Tejados Verdes
Título original: Anne of Green Gables
Serie: Sí (al menos ocho libros)
Primera edición: L.C. Page & Co., 1908.
Edición que leí: Emecé, 2015.

Sinopsis: Anne, la de Tejados Verdes es un clásico de la literatura juvenil, leído por muchas generaciones. Su autora, así como Louise May Alcott con Mujercitas o Lewis Carroll con Alicia en el país de las maravillas, ha creado un universo teñido de lirismo y encanto en el que la infancia brilla como protagonista.Una huérfana pelirroja, pecosa y soñadora se halla internada en un hospicio. Dos hermanos solterones, Marilla y Matthew, deciden adoptarla y llevarla a su granja, Tejados Verdes. Al principio aparece una cadena de obstáculos y rivalidades que Anne, con su chispa, buena voluntad y carácter, que se volverá inconfundible a lo largo de la saga, sortea con inocencia y sensibilidad.
Con destreza literaria, Lucy M. Montgomery teje con fineza y humor la trama de la convivencia diaria en un pueblo al que la fantasía de una niña convierte en un universo encantado. En esta primera entrega, la imaginación alocada de Anne cambia para siempre la vida de los habitantes de una pequeña aldea situada en una remota región de Canadá.


Bueno, déjenme explicarme. ¿Qué quiero decir con que les recomiendo un libro que, durante un tercio, no disfruté? Es... complicado. Este primer libro de la serie canadiense clásica de Lucy Maud Montgomery tiene un tono muy agradable, una narración dulce y amable (y bastante veloz, lo cual me sorprendió), y personajes simpáticos, no sin cierta profundidad, pero de los que se muestran solo algunas facetas en un principio como solemos esperar de un libro infantil. Todo esto es positivo.

Lo negativo, o no, quizás no, pero la razón por la cual me costó muchísimo meterme en el libro fue, en realidad, la causa de su nombre... Anne. Anne es un personaje tremendamente insoportable. Habla de a páginas enteras y se va por las ramas con descripciones ridículas (y a nuestros ojos, arcaicas) de cosas a las que rara vez uno les presta atención o cree que son importantes. Este es el punto débil del libro, pero, también es su punto más fuerte. Verán, el libro es bien consciente de que Anne es insoportable, se lo dice Marilla, se lo escucha en la falta de respuesta a preguntas que jamás se había planteado por parte de Matthew, en las reacciones de sus compañeros y amigas, y la de todos los vecinos y extraños que Anne se encuentra.

Anne es un personaje que desestructura todo. Parece loca por momentos, pero si uno lee entre líneas se da cuenta de que nos encontramos ante una niña muy inteligente a la que la vida, por muchas razones, jamás le ha permitido ser quien es, pero aún así ella se esmera en serlo con esa fortaleza maravillosa y sumamente inocente que solo puede tener una niña. Por la pobreza de donde viene, por la falta de padres, por ser mujer, Anne nunca pudo desarrollar con libertad su imaginación desbordante y compartir sus opiniones (y Anne tiene opiniones de tooodo) con un oído dispuesto. El llegar a Tejados Verdes, aunque fuera en circunstancias poco propicias, le cambia la vida, le permite ser quien es, pero, más importante, le da una razón para vivir a su familia adoptiva y le permite a su comunidad expandir sus horizontes. Todo esto gracias a una niña que jamás cierra la boca y cuya imaginación suele jugarle malas pasadas.

Anne va creciendo en el libro y poco a poco empieza a hablar menos, a ser más precisa, a desarrollar su capacidad con madurez. Llegó un momento del libro en que no pude evitar sentirme apegada a Anne, apegada a la niñez que iba desapareciendo, recordando a la mía propia. Anne crece y de pronto te das cuenta de que tú también has crecido y de que entiendes a esa niña que no para de hablar, que hasta la extrañas.

Por eso no puedo dejar de recomendar este libro. Puede ser cuesta arriba el comienzo, pero eso no es más que el reflejo de la propia vida, que suele ser cuesta arriba hasta que te das cuenta que ya estás aquí, que estás jugando el juego y que, al final, los tropiezos valían la pena.