miércoles, 23 de agosto de 2017

Te recomiendo un libro: especial nostalgia #5

Ya casi es el día de la nostalgia y por lo tanto hoy vamos a festejar con un libro muy especial que llegó a mi vida cuando estaba en mis primeros años de la escuela. Se trata de mi libro favorito de Roy Berocay: Pateando Lunas.

Autor: Roy Berocay (1955, Montevideo, Uruguay), Roy Berocay en Facebook.
Primera edición: 1996, Alfaguara Infantil. (Mi edición actual es la séptima del 2002).
Páginas: 166
Edad sugerida: A partir de 10 años.
Edad a la que lo leí: 6 o 7 años.
Sinopsis: Dado que no existe una oficial, voy a tener que crear la mía propia: Maite es una niña de nueve años, algo bajita y flaca pero con unas piernas muy fuerte, y, además, Maite ama jugar al fútbol. Sin embargo, su familia y las personas que la rodean no creen que sea una actividad apropiada para una niña. Una historia dulce y divertida que demuestra que una sola niña pequeña puede romper esteriotipos a pelotazos.


Como dije más arriba, este libro llegó a mí de una forma inusual (inusual para mí, al menos, dado que la mayoría de mis libros favoritos me entraron por los ojos primero), y fue durante una clase en segundo de escuela en la que, por una razón u otra, mi maestra tuvo que faltar. Ese día tuvimos a una de las coordinadoras del colegio y nos leyó varios cuentos, entre ellos: Pateando Lunas. Fue un libro que amé desde el principio y que luego de ese momento retiré varias veces de la biblioteca escolar para leerlo.

Recién a los dieciséis años me hice con mi propia copia y volví a leerlo y a amarlo. Es una historia que quizás, por suerte, se está volviendo un poco obsoleta, ya que trata los roles de género impuestos (que claramente siguen existiendo) a través de una sociedad que no ve bien que una niña juegue al fútbol (eso por suerte se está perdiendo, aunque siga habiendo mucho trabajo para hacer).

En su momento me llegó al alma porque mis actitudes nunca fueron demasiado femeninas (acorde a quién sabe quién que creía que ser femenina era tal cosa) y este libro me permitió sentirme yo misma, una niña igual que las otras niñas, pero que además le gustan otras cosas que algunos dicen que son de niños pero que, después de todo, la gente está equivocada al respecto.

Para algunas personas sigue sonando tonto que deba haber representación en la literatura, pero lo cierto es que libros como este me permitieron aceptarme como era cuando muchas voces adultas (a quien los niños toman como voces máximas) me decían que tal cosa que hacía era de niño. Sentir que uno solo es quien es (sin el extremo, mucho menos representado, de ser transgénero) pero los demás no te acepten o crean que actúas como algo que tú no crees que eres, es algo extremadamente abrumador para un niño. Es ya suficientemente difícil crecer sin la necesidad de voces externas diciéndote que está mal ser quien eres (cuando no le haces daño a nadie y, al contrario, aportas a tu comunidad), y los libros como este ayudan a que uno sea capaz de anestesiar esos comentarios y, con un poco de suerte, también ayudan a la sociedad a razonar y progresar.

Yo creo que nuestra sociedad ha avanzado mucho desde que leí este libro, desde que fuera extremadamente necesario, pero aún creo que debería leerse, especialmente teniendo muy en cuenta que cuando fue escrito estas actitudes eran mayoritarias y muchas niñas (y niños, por otros gustos) sufrieron por eso.

Es una historia muy dulce, divertida y abierta de mente, que nos recuerda que los niños son niños y que eso no significa más nada que hacer picardías, cometer errores y andar con las rodillas raspadas.