miércoles, 9 de agosto de 2017

Pequeñas desesperaciones escrituriles y cómo superarlas

Hola a todos, ¿cómo han estado? Hoy comienza en el blog un mes de cambios y nuevas secciones, tenía otra entrada programada para el día de hoy, pero como no estaba convencida de lo que había escrito y se trataba de un tema serio, decidí cambiar el tema de escritura por otro que igualmente está muy relacionado con el futuro de este blog.

En este episodio de Pequeñas desesperaciones escrituriles y cómo superarlas (supongo que ahora tendrá que convertirse en una serie, dado que es imposible que hable de todas ellas en una sola entrada), hablaremos de uno de los mayores desafíos a los cuales un escritor debe enfrentar: ponerse a escribir. Está bien, no hay que tener dos dedos de frente para darse cuenta de que si un escritor no escribe es muy difícil que el escritor sea escritor, sin embargo, es un problema muy común para todos nosotros, desde los que recién comenzamos hasta los que tienen varios libros publicados en su haber.

Existen miles de razones por las cuales un escritor no escribe. Considero que la mayoría, si acaso no todas, están relacionadas con problemas exteriores a sus escritos y su voluntad de escribir. Sucede a veces que un escritor tiene muchísimas ideas y muchísimas ganas de escribir pero aún así no puede hacerlo.

En el día de hoy no voy a discutir las causas, sino que voy a ofrecer algunos posibles alivios para esta desesperación cotidiana en la vida del escritor. Primero van a ir algunos muy obvios, pero es que a veces los escritores nos colocamos obstáculos de forma inconsciente y es importante ser consciente de ellos e intentar destruirlos.

No pienses: el acto de pensar usualmente implica que el escritor insiste en perfeccionar y editar lo que está escribiendo mientras lo está escribiendo. Esto NO es sano. NO debe hacerse bajo ninguna circunstancia, pero definitivamente vas a hacerlo, así que sé consciente de ello y cuando empieces a editar: no pienses. Siempre sigue adelante, escribe y piensa en la oración que sigue, y escribe esa también. Ya tendrás tiempo para editar cuando tengas tu primer manuscrito, no vale la pena hacerlo antes. Recuerda: No pienses, escribe.

Usa esquemas: de acuerdo, escribes sin pensar, pero te das cuenta de que no sabes cómo seguir y tan solo por eso empiezas a dudar de ti, de tu capacidad como escritor, de que lo que estás haciendo siquiera pueda llamarse escribir y que tu nombre tal vez sea Roberto, ¿o era Rigoberto? De acuerdo. Este es un muy buen momento de dejar la computadora y volver al ancestral papel. O si ya escribías en papel, dar vuelta la página o ir a un cuaderno especial que dediques a este otro trabajo. O quizás también puedas esquematizar en computadora, personalmente no es mi método favorito y suelo tener doble ventaja si escribo los esquemas en papel. Los esquemas pueden ser cualquier cosa, desde el esqueleto entero de la novela o cuento hasta las escaletas de cada capítulo o escena. La idea es que no tienes que escribir lindo aquí, a veces ni siquiera tienes que escribir, con un dibujo es suficiente. Los esquemas pueden ser bilingües, si te resulta más fácil escribir resúmenes en una lengua diferente. Lo que intento decir es que el esquema es el lugar para el caos, tienes permitido ir y venir y tienes permitido pensar. Pero solo puedes pensar aquí, no cuando vuelvas a tu archivo y sigas escribiendo la escena que lograste desatascar en los esquemas.

Tómate vacaciones: No no estoy diciendo que dejes de escribir, aunque si hace muchos meses que vienes escribiendo algo y de pronto te bloqueas quizás sí sea una buena idea. Estamos hablando de personas que, como yo, hace meses que no escriben, tienen todo esquematizado y liberan su mente de pensamientos pero la página insiste en quedar en blanco. Bueno, quizás sea el momento de bajar un cambio. Lo importante es mantenerse escribiendo y a veces para llegar al nivel de confianza que uno quiere tener para escribir x proyecto, se necesita aumentar la autoestima general que uno tiene hacia su capacidad escritora. Sugiero entonces entrar en proyectos alternativos que carezcan del valor que tiene tu proyecto principal, que sirvan principalmente para ponerte a escribir y obligarte a escribir, para mantenerte practicando, pero donde la calidad y la originalidad no sea la traba. Donde puedas escribir lo que sea para mantenerte aceitado. En este momento eres como un deportista en recuperación, no vas a salir a hacer una ironman, pero una trotadita por la rambla no te caería mal.

¿Un ejemplo de esto? Bueno, primero que nada, estas entradas. Aunque parezca extraño, escribir en el blog me ha ayudado a escribir en general, todavía no llego al nivel que necesito para poder seguir mis proyectos empezados, pero sin duda me está dejando en el camino. Aquí, mientras les doy tips, me estoy obligando a escribir y cada palabra que escribo me deja más cerca de mi meta. Con esto quiero decir que el ejercicio de escribir en un blog, aunque sea sobre temas completamente ajenos a tu proyecto o incluso a la literatura, te mantendrá con los dedos sobre el teclado y la perspectiva de dejar al blog desierto sin nuevas entradas te mantendrá pensando nuevas ideas.

En segundo lugar, podré como ejemplo algo que no llegará a este blog hasta el sábado a medianoche, y es una nueva sección literaria. En esta sección me obligaré a escribir pequeñas historias que no tienen que llevar el peso literario que sí llevan mis otros proyectos, de esta forma, puedo pensar como escritora sin la presión que lleva escribir un gran proyecto. Es otra forma de ejercitar la gran máquina literaria y sugiero lo mismo para quienes están en mi lugar. Si no se animan a hacerlo público (aunque creo que eso es parte de la rehabilitación) por lo menos pueden dejarlo en un lugar aparte, donde escriban sus ideas que en un futuro puedan servirles para algo. Recuerden que toda idea sirve, y por eso es que nunca eliminamos nuestros escritos (por más terribles que sean).

Para escribir historias de práctica hay muchas herramientas que podemos usar. Existen en el mundo lugares donde todos los días te dan una serie de palabras y te instan a escribir con ellas una pequeña historia. También puedes escribir una historia como respuesta a otra (siempre y cuando des reconocimiento a la historia original). Puedes escribir una escena con personajes que ya tienes, pero que nunca va a sucederse en tu historia por mil razones, esto te permite relacionarte más con tus personajes y a la vez escribir más cómodamente pues ya conoces las circunstancias que rodean al todo.

Hay miles de recursos para escritores para hacer este tipo de historias de práctica que te ayudan a mantenerte en forma, y están todos a solo un clic de distancia, es la magia de Internet pero, por supuesto, no puedo irme sin darles algunas opciones para que practiquen. Me gustaría que, si las usan, me etiqueten de alguna forma, así puedo ver sus creaciones.

Opción 1
Una taza de café con sal. Las tres de la mañana. Ruidos sospechosos del apartamento de arriba.

Opción 2
Un batallón de esbirros del mal. Olor a quemado. Un caballo de juguete de madera.

Opción 3
Un estudiante rechazado por el comité del máster. Un mensaje de un número desconocido que lo llama por nombre de pila. Una chica con un tapado amarillo que siempre aparece a la tercera cuadra cuando él sale de su casa.

¡Diviértanse! ¡Podemos derrotar a nuestros demonios escrituriles! ¡Vamos que vamos!